Bond…James Bond

Por Cris Olivares

29 de julio de 2022


El cine de acción es un género cinematográfico que durante mucho tiempo fue despreciado. A pesar de que es uno de los más caros y difíciles de realizar, al principio fue tomado en cuenta por la crítica como un género menor. Las explosiones y persecuciones se consideraban elementos agregados a una historia solo para hacerla más entretenida.


Hasta los años 80 el género fue reconocido. La saga de James Bond brindó el empujón definitivo que se necesitaba para que esto sucediera. Las adaptaciones de las novelas de Ian Fleming establecieron diversas características como la del héroe ingenioso, capaz de acabar con un villano, y su ejército con la ayuda de una serie de armas o artilugios.



Más adelante, se desarrollaron también las historias de criminales. En los 70, llegaron a la pantalla las artes marciales. Las historias de grandes persecuciones y peleas, pasaron a formar parte de la cultura popular. Los combates se convirtieron en elemento estrella del cine de acción. Además de los combates de cuerpo a cuerpo, llegaron después los tiroteos en los que se usaban armas de todo tipo, ya sean pistolas, metralletas o en casos más extremos, lanzagranadas y lanzallamas.


Los 90’s trajeron la revolución digital, y con ella la posibilidad de crear escenas más producidas con la tecnología CGI (imágenes generadas a computadora). Además se fusionó con otros géneros como el Western, el cine de espías o la auto-parodia, y comenzaron a hacerse secuelas de historias que habían triunfado en la década anterior. Las películas empezaron a superar los 100 millones de presupuesto. Y las carteleras presentaron blockbusters que llenaron las salas. El género se convirtió en uno de los más rentables de la historia cinematográfica.


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